ALGUIEN TRAVISTIÓ EL INFIERNO

Anoche fui al infierno. Estaba tan frío!

Entiendo… Prosiga señor Lamarc

No pude ver al barón rojo. Pero sé que él me observaba a mí. Lo sentía…

¿Presentimiento, señor Lamarc?

No! Algo más. Él me lo hizo saber, vi un caballito rosa.

¿Qué?¿Un caballito rosa? ¿No estaba usted en el cielo? Digo, no es algo muy característico del infierno, señor.

Me di cuenta que no era así, tanta no podía ser mi fortuna. Aquel caballito, entre berridos se fue desintegrando, como si su piel rosa fuese un foco de virus venéreo que se podría mientras se desmoronaba en el suelo.

Mmmm ya veo! ¿Exactamente cuanto tiempo tardó usted en el infierno?

En realidad no estoy seguro siquiera de haber salido de ese lugar. Maldito lugar. Aún escucho las gárgolas voraces que vienen a devorar mis ojos.

Lamarc volvió su mirada a los ojos del psiquiatra. Vio que sus enormes anteojos ampliaban sus pupilas. Y en el fondo de ellas, en un mar cristalino, vio esos sanguinarios seres que se le acercaban. Volaban hacia él con esquizofrénicos chillidos. Lamarc saltó de pánico.

Cálmese señor Lamarc, no hay qué temer, yo le ayudaré!

Malditas! Que en mi humanidad no permanezca símbolo alguno de la putrefacción del infierno travestido con el paraíso creado por los hombres!

Lamarc tomó su paraguas y de un fuerte golpe hizo volar los anteojos del hombre, quien quedó ciego y desorientado.

Los chillidos se hicían más fuertes y ruidosos. Lamarc, desesperado, con la punta del paraguas apuñaló los ojos del psiquiatra, con la esperanza de que los seres malditos lo dejaran al menos un día en paz.

El paraguas alcanzó el cerebro del doctor, quien murió instantáneamente. Lamarc salió del consultorio y la secretaria le deseó un buen día.

 

No solo quiero ver lo mejor de ti. Muéstrame tus garras! Sé que tienes… Y lastiman.

 

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El discurso del nosotros

Casi todos en la vida hemos sido participes de una charla, una conversación, un dialogo sobre un problema o dilema ya sea moral o no. En ella hemos participado e intercambiado información, buscando conocimiento que nos libren de experiencias que podrían ser innecesarias. Del mismo modo, la mayoría hemos estado en  una conversación que exprese una realidad puede ser actual o pasada, en ese orden de ideas, has sido participe de el discurso del nosotros, que consiste en un sistema inclusivo de discurso, eso quiere decir que siendo participes de esa conversación, somos incluidos por el que habla y se expresa.

Partiendo de esta realidad, no es un secreto que en esos temas de controversia, se genere alguna clase de argumentos específicos que se citan de la siguiente manera:

ESTAMOS como estamos porque no SABEMOS manejar…….. Es que NOSOTROS…….

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En este orden de ideas, ¿No será mejor proponer soluciones y ejecutarlas, en vez de quedarnos simplemente incluyéndonos e incluyendo a los demás?, tal vez sea para advertir a los otros del problema, pero cuando se va mas allá, ¿por qué no se termina de una vez y por todas el discurso del nosotros?, seguramente esta situación incluye dilemas psicológicos de conducta en masa que se generan en sociedades con ganas de mejorar. Pero si siempre nos incluimos en el problema, ¿no estaremos perpetuándolo en vez de darle una solución?, mucha gente sale de charlas ecológicas para un ambiente y desarrollo sostenible, y siente que hay que hacer algo y se convence de ello, pero ese “efecto”, solo durara, en la mayoría de los casos, unos cuantos días, horas, incluso minutos. Es la triste realidad de un fenómeno discursivo, pero aún así reflexionando de eso, ni yo mismo me libro de él.

 

 

 

Los filósofos no han hecho mas que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.

Karl Marx